El Gobierno nacional anunció un nuevo recorte del gasto público para sostener la meta fiscal en medio de una caída de la recaudación. El dato central que muestra Empiria es que el problema no se explica principalmente por la baja de impuestos, sino por el impacto de la caída de la actividad, el empleo y los ingresos sobre los recursos del Estado.
Tres claves:
- El Gobierno recortó partidas en salud, educación, obra pública, subsidios y transferencias para sostener el superávit fiscal.
- La caída de la recaudación refleja el deterioro de la actividad económica, el consumo, el empleo y los salarios.
- El gráfico de Empiria muestra que el ajuste empieza a morder su propia base: menos actividad implica menos ingresos fiscales.
El gobierno de Javier Milei volvió a ajustar el gasto público para cumplir con la meta fiscal, en un contexto de recaudación debilitada. Según Página/12, la administración nacional concretó recortes presupuestarios por más de 2,2 billones de pesos, con impacto sobre educación, salud y obra pública, entre otras áreas.
El ajuste también fue detallado por otros relevamientos periodísticos: El Destape informó que la readecuación presupuestaria implicó casi 3 billones de pesos menos en el Presupuesto 2026, con recortes en subsidios, asistencia, energía, obra pública, salarios docentes, programas sociales, urbanización y tratamientos contra el cáncer. La medida fue firmada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo.
El punto más importante del gráfico de Empiria es que la baja de la recaudación no aparece explicada centralmente por una reducción de impuestos, sino por la recesión. Si cae la actividad, se vende menos; si se vende menos, cae el IVA; si bajan empleo y salarios, se debilitan aportes y contribuciones; si se enfrían importaciones y comercio exterior, también retroceden derechos e impuestos asociados. Letra P señaló que los derechos de exportación cayeron 27,3 por ciento real interanual, los derechos de importación retrocedieron 12,5 por ciento y las contribuciones a la seguridad social también se contrajeron.
La paradoja política es fuerte: el Gobierno recorta para sostener el superávit, pero ese mismo ajuste enfría la economía y erosiona la recaudación que debería sostener las cuentas públicas. En lugar de resolver el problema fiscal de fondo, la motosierra puede estar creando una dinámica circular: menos gasto, menos actividad, menos ingresos del Estado y, por lo tanto, nuevos recortes.
En esa lectura, el gráfico de Empiria no muestra solo una caída tributaria. Muestra el límite de un programa económico que presenta el equilibrio fiscal como éxito aislado, pero lo consigue a costa de salud, educación, obra pública, subsidios y salarios. Cuando el ajuste destruye la base imponible, el superávit deja de parecer una señal de fortaleza y empieza a parecer una carrera cada vez más exigente contra la recesión.
