El gobierno cubano reconoció la crisis energética que afecta hospitales, transporte y servicios básicos, agravada por el fin del suministro petrolero ruso.
TRES CLAVES:
1. En abril, un solo buque cisterna mejoró el servicio eléctrico, frente a los ocho mensuales habituales.
2. Protestas nocturnas con cacerolazos expresan la desesperación por los apagones prolongados.
3. Estados Unidos ofreció 100 millones de dólares en ayuda, pero Cuba condiciona la aceptación a que no haya maniobras políticas.
La isla enfrenta un colapso energético que impacta directamente en la vida cotidiana: calles llenas de basura, hospitales saturados y transporte público casi inexistente.
La llegada del verano, con altas temperaturas, amenaza con aumentar la demanda y empeorar la situación. El fin del petróleo ruso, que hasta ahora ayudaba a mitigar la crisis, ha llevado al gobierno a declarar la emergencia.
El presidente Miguel Díaz-Canel atribuye la crisis al bloqueo energético impuesto por Estados Unidos, que limita el acceso a combustibles y sanciona a países que intentan suministrarlos.
Mientras tanto, el diálogo entre La Habana y Washington sigue abierto pero tenso, con acusaciones mutuas sobre la responsabilidad y condiciones para la ayuda.
La población cubana, agotada y reprimida, ha salido a las calles en pequeños grupos para manifestar su frustración. La continuidad de esta crisis dependerá en gran medida de las decisiones políticas y del posible alivio del embargo que afecta a la economía y sociedad cubanas.
