El papa León XIV provocó una fuerte repercusión internacional con Magnifica Humanitas, su primera encíclica, al pedir perdón por el papel histórico de la Santa Sede en la legitimación de la esclavitud y por la demora de la Iglesia en condenarla de manera plena. Según la agencia AP, el Pontífice calificó esa historia como una “herida en la memoria cristiana” y conectó esa deuda moral con los riesgos actuales de nuevas formas de explotación en la era de la inteligencia artificial.
Tres claves
1. Un pedido de perdón histórico.
León XIV reconoció que, durante siglos, la Iglesia tardó en condenar plenamente la esclavitud y que documentos papales del siglo XV dieron respaldo a formas de sometimiento y esclavización de pueblos no cristianos. El National Catholic Reporter destacó que el Papa asumió de manera directa el papel de la Santa Sede en esa legitimación.
2. La encíclica une esclavitud, colonialismo e IA.
Magnifica Humanitas no se limita al pasado: advierte que la revolución digital puede generar nuevas formas de explotación y colonialismo, entre ellas el trabajo no regulado vinculado a minerales críticos para fabricar chips de inteligencia artificial.
3. Reacciones políticas y debate global.
El pronunciamiento fue celebrado por sectores católicos, académicos y activistas, pero también despertó críticas de la derecha estadounidense, que lo leyó como una concesión a la “culpa” histórica y a posiciones progresistas. El debate quedó instalado en torno a memoria, reparación, tecnología y dignidad humana.
El texto compartido por Occupy Democrats subrayó que León XIV fue más allá de disculpas anteriores por la participación de cristianos en el tráfico transatlántico de esclavos. La novedad es que el Papa reconoció también la responsabilidad institucional de la Santa Sede y de documentos papales que ayudaron a legitimar la colonización y la esclavización.
La encíclica retoma ese pasado para hablar del presente. León XIV advierte que las tecnologías emergentes pueden reproducir relaciones de dominación si quedan sometidas a intereses económicos, militares o coloniales. En esa línea, conecta la memoria de la esclavitud con los circuitos actuales de extracción de minerales, precarización laboral y concentración tecnológica.
La intervención papal coloca a la Iglesia en el centro de una discusión política y ética más amplia: cómo reconocer las responsabilidades históricas sin convertirlas en un gesto vacío, y cómo impedir que la inteligencia artificial abra nuevas formas de deshumanización. En esa clave, Magnifica Humanitas plantea que la dignidad humana debe estar por encima de la eficiencia tecnológica, la rentabilidad y la competencia entre potencias.
