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El ciclo conservador en América latina puede ser más frágil de lo que parece

El analista Oliver Stuenkel advirtió que la “guiñada a la derecha” en América Latina podría ser menos sólida de lo que aparenta. Las dificultades de José Antonio Kast en Chile, Javier Milei en la Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia muestran que el ciclo conservador puede enfrentar límites rápidos cuando choca con crisis económicas, fragmentación política y expectativas sociales incumplidas.

Tres claves:

  1. Stuenkel plantea que el avance de la derecha regional puede responder más al voto castigo que a una adhesión profunda a un proyecto conservador. 
  2. Los casos de Kast, Milei, Noboa y Paz muestran que ganar elecciones no garantiza estabilidad política ni capacidad de gobierno. 
  3. La región parece entrar en ciclos más cortos, donde los oficialismos se desgastan rápido y los votantes castigan tanto a la izquierda como a la derecha. 

El politólogo Oliver Stuenkel sostuvo en su columna en Estadão que la actual ola conservadora en América Latina puede ser más frágil de lo que parece. Según el planteo difundido por el propio autor, las dificultades de José Antonio Kast, Javier Milei, Daniel Noboa y Rodrigo Paz ilustran por qué el ciclo de derecha podría no durar tanto como se esperaba. 

La hipótesis central es que muchos triunfos conservadores no expresan necesariamente una consolidación ideológica de largo plazo, sino una reacción contra gobiernos desgastados. Stuenkel ya había advertido en otro análisis que la preferencia por opositores de derecha puede reflejar más la fatiga con los oficialismos que una adhesión profunda a un programa conservador. 

El caso de Milei aparece como uno de los más visibles. Su llegada al poder expresó un rechazo fuerte al sistema político tradicional, pero su programa económico enfrenta tensiones por el ajuste, la caída del mercado interno, la conflictividad social y la dificultad para sostener gobernabilidad. En la lectura de Stuenkel, el problema para las derechas latinoamericanas no es solo llegar al gobierno, sino transformar el enojo social en una coalición duradera.

Chile ofrece otro ejemplo. Kast pudo capitalizar la crisis de seguridad, el desgaste de la izquierda y la demanda de orden, pero también enfrenta límites en una sociedad fragmentada, con instituciones más densas y con una derecha dividida entre sectores tradicionales, conservadores duros y libertarios. La derecha regional no aparece como un bloque homogéneo, sino como una constelación de liderazgos con tensiones internas.

Ecuador y Bolivia completan el cuadro. Noboa gobierna bajo presión por la violencia, el crimen organizado y la fragilidad institucional. Paz, en Bolivia, expresa un giro después de años de hegemonía del MAS, pero también enfrenta una economía compleja y una sociedad polarizada. Para Stuenkel, esos casos muestran que el péndulo regional gira con velocidad, pero no necesariamente construye mayorías estables.

La conclusión política es que América Latina no parece entrar en una era conservadora consolidada, sino en una etapa de alta volatilidad. Los votantes castigan a quien gobierna, los oficialismos se desgastan rápido y las expectativas de cambio chocan con Estados débiles, economías tensionadas y sociedades impacientes. Por eso la derecha puede avanzar, pero también puede encontrar límites antes de lo previsto.

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