La caída a 47,3 kilos por habitante refleja el impacto de los precios, la menor producción y el auge exportador, mientras el asado se convierte en un lujo ocasional para las familias.
Las tres claves:
1. Registro histórico: El consumo de carne vacuna cayó a 47,3 kilos por persona al año, el nivel más bajo en dos décadas, lo que representa casi 15 kilos menos por habitante comparado con mediados de los 2000 .
2. Precios por las nubes: Los cortes aumentaron muy por encima de la inflación general, con subas que duplicaron el índice de precios, y el kilo de cortes populares ya supera los $20.000 en muchas regiones .
3. Exportaciones en alza: Mientras el mercado interno se contrae, los envíos al exterior crecieron 6,6% interanual, impulsados por Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos, reduciendo la oferta disponible localmente .
La mesa de los argentinos atraviesa una transformación profunda. El consumo de carne vacuna, pilar de la identidad gastronómica nacional, se desplomó a 47,3 kilos por habitante en el último año, el registro más bajo en 20 años, según informes sectoriales publicados esta semana . La caída responde a una combinación letal de factores: precios que subieron 73,4% interanual contra una inflación general del 32,4%, una producción que retrocedió 9,1% en el primer bimestre, y un mercado interno cada vez más debilitado por la pérdida de poder adquisitivo de las familias . El dato, actualizado tras los resultados del Censo Nacional 2026, podría ser aún más crítico si se considera que la población argentina es un millón de personas mayor a la estimada previamente, lo que reduciría todavía más el consumo per cápita real .
El impacto ya se siente en las carnicerías y en los hogares. Cortes emblemáticos como el asado, la nalga o el vacío registraron incrementos que superaron ampliamente el promedio del rubro, y en algunos municipios del conurbano bonaerense el precio por kilo se ubica incluso por encima de la media nacional . Frente a este escenario, las familias comenzaron a reemplazar la carne vacuna por alternativas más económicas: el pollo subió apenas 31,4% y el cerdo 22,7%, consolidándose como opciones accesibles en la canasta familiar . La industria frigorífica también acusa el golpe: la faena registró uno de los niveles más bajos en casi cinco décadas, con una caída superior al 11% interanual en el primer bimestre, y empresas de relevancia ya implementaron suspensiones masivas y reducciones en sus líneas de actividad . «En 2026 estamos en un año de transición. Habrá menos carne disponible y precios altos por oferta restringida», advirtió el especialista Andrés Costamagna, anticipando que el consumo podría mantenerse por debajo de los 48 kilos durante un tiempo prolongado .
