TRES CLAVES:
1. Como gran productor (3,7 millones de barriles diarios), Brasil se beneficia del alza en los precios del crudo.
2. El encarecimiento del diésel presiona los costos del transporte de carga, mayoritariamente por carretera.
3. La guerra encarece los fertilizantes importados, insumo crítico para el gigante agrícola brasileño.
La mayor economía de la región enfrenta consecuencias contrapuestas. Por un lado, Petrobras y el sector petrolero celebran el alza de precios, que mejora la recaudación fiscal y posiciona a Brasil como proveedor estratégico fuera de la zona de conflicto. Sin embargo, el encarecimiento del diésel presiona los costos del transporte terrestre, mayoritariamente por carretera, lo que eventualmente se traslada a los alimentos y genera inflación. El sector agrícola, uno de los motores del país, enfrenta otro desafío: la guerra eleva el precio de los fertilizantes importados, que dependen del gas natural y son esenciales para mantener la productividad. El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, restó dramatismo señalando que el país cuenta con enormes reservas y es autosuficiente en crudo, aunque la incertidumbre ya ha generado volatilidad en la Bolsa de São Paulo y depreciación del real.
