El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel está generando un fenómeno inusual: suba fuerte del petróleo con mercados bursátiles que aún resisten. La tensión en el estrecho de Ormuz se convirtió en el eje del impacto económico global.
Tres claves:
- El petróleo se disparó por la guerra: los precios físicos subieron cerca de 70% desde febrero, llegando a niveles cercanos a US$130 por barril por la interrupción del suministro en el Golfo.
- A pesar del shock energético, las bolsas —especialmente en EE.UU.— siguen en niveles altos, impulsadas por tecnología y ganancias empresariales, aunque con señales de desconexión con la economía real.
- Analistas advierten que el mercado está subestimando el riesgo: un shock prolongado podría llevar el petróleo a US$200–300 y provocar inflación global o incluso estanflación.
La guerra en Medio Oriente está impactando de lleno en los mercados energéticos. La interrupción del flujo por el estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca del 20% del petróleo mundial— generó una suba abrupta de precios y tensiones en el abastecimiento global.
Sin embargo, el comportamiento de los mercados financieros muestra una paradoja: mientras el petróleo se encarece, las acciones continúan en niveles elevados, sostenidas por expectativas de que el conflicto no escale aún más o sea relativamente corto.
Este desacople preocupa a analistas, que advierten que los mercados podrían reaccionar tarde a los efectos reales del shock energético. La suba del petróleo ya está trasladándose a inflación, costos productivos y consumo, lo que podría impactar en el crecimiento global en los próximos meses.
En síntesis, el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel no solo es militar: ya está redefiniendo el equilibrio económico global, con el petróleo como variable clave y los mercados financieros en una situación de alta incertidumbre.
