El canciller cubano Bruno Rodríguez afirmó que La Habana está dispuesta a escuchar las características de la oferta estadounidense de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria, pero advirtió que la mejor ayuda para Cuba sería desescalar el bloqueo económico, comercial, financiero y energético.
Tres claves:
- Estados Unidos formalizó públicamente una oferta de 100 millones de dólares en asistencia directa al pueblo cubano.
- Cuba dijo estar dispuesta a escuchar los detalles, pero pidió que la ayuda no incluya maniobras políticas ni condicionamientos.
- Bruno Rodríguez sostuvo que la medida resulta incongruente mientras Washington mantiene y recrudece el bloqueo contra la isla.
El gobierno de Estados Unidos formalizó mediante un comunicado del Departamento de Estado una oferta de 100 millones de dólares en asistencia humanitaria directa para Cuba. Según Washington, la ayuda sería distribuida en coordinación con la Iglesia Católica y otras organizaciones humanitarias independientes, y no a través de instituciones estatales cubanas.
La respuesta cubana llegó a través del canciller Bruno Rodríguez. “Estamos dispuestos a escuchar las características del ofrecimiento y la manera en que se materializaría”, afirmó. También aclaró que Cuba no tiene como práctica rechazar ayuda extranjera ofrecida “de buena fe y con fines genuinos de cooperación”, sea bilateral o multilateral.
Rodríguez tampoco descartó la participación de la Iglesia Católica. Sostuvo que el gobierno cubano no tiene inconvenientes en trabajar con la Iglesia, con la que —según dijo— existe una experiencia larga y positiva de cooperación. El punto pendiente, para La Habana, es conocer si la ayuda será en efectivo o material y si estará destinada a necesidades urgentes como combustibles, alimentos y medicinas.
El canciller cubano, sin embargo, encuadró la oferta en una contradicción política: Estados Unidos ofrece asistencia mientras mantiene una guerra económica que afecta severamente a la economía y la sociedad cubanas. Por eso reclamó que la ayuda sea “libre de maniobras políticas” y que no intente aprovechar “las carencias y el dolor de un pueblo bajo asedio”.
La discusión ocurre en un contexto de endurecimiento de las sanciones estadounidenses y crisis energética en la isla. En febrero, Washington ya había anunciado ayuda humanitaria canalizada por la Iglesia y Cáritas, mientras al mismo tiempo intensificaba medidas para cortar el suministro de combustible a Cuba. Para La Habana, esa combinación expone la contradicción central: la asistencia puntual no compensa el impacto estructural del bloqueo.
