La comparación internacional muestra una tendencia incómoda para el discurso oficial del Presidente argentino Javier Milei: los países con mayor proporción de autoempleo suelen tener menor PIB per cápita, mientras que las economías más desarrolladas se apoyan más en empleo asalariado, formalidad, productividad e inversión.
Tres claves:
- El autoempleo masivo suele ser síntoma de baja productividad, informalidad y falta de empleo asalariado de calidad.
- La evidencia internacional muestra que, a medida que aumenta el ingreso por habitante, tiende a caer la proporción de trabajadores por cuenta propia.
- En la Argentina, presentar el monotributo de supervivencia como “emprendedurismo” oculta el deterioro del mercado laboral.
El economista Manuel M. Cruz planteó una crítica directa al relato que convierte cualquier forma de autoempleo en señal de modernización económica. “La correlación es bastante clara: a mayor autoempleo, menor PIB per cápita”, señaló, para advertir que en la Argentina se vende “la fantasía” de que multiplicar vendedores ambulantes y monotributistas de supervivencia acerca al país a Silicon Valley, cuando en realidad lo acerca a economías con menor productividad e ingresos más bajos.
La comparación tiene respaldo en los datos internacionales. El Banco Mundial mide el autoempleo como porcentaje del empleo total y permite observar que muchos países pobres o de ingresos medios bajos tienen porcentajes muy altos de trabajo por cuenta propia, mientras que las economías de mayores ingresos presentan una estructura laboral más asalariada y formal. En la misma línea, el propio Banco Mundial señala que, a medida que los países se vuelven más ricos, tienden a disminuir las proporciones de trabajadores agrícolas, familiares no remunerados y autoempleados.
La discusión es clave para la Argentina porque el aumento del monotributo, la changa, la venta ambulante o el trabajo independiente forzado no equivale a una ola de innovación. Silicon Valley se construyó sobre capital, tecnología, universidades, inversión pública, empresas de escala y empleo altamente calificado. El autoempleo de supervivencia, en cambio, suele expresar lo contrario: caída del empleo registrado, salarios insuficientes y trabajadores obligados a inventarse un ingreso porque el mercado laboral formal no los absorbe.
