El candidato izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, disputará el próximo 7 de junio la segunda vuelta presidencial contra Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, tras imponerse por un margen estrecho sobre Rafael López Aliaga en el conteo de la primera vuelta.
Tres claves:
- Roberto Sánchez quedó segundo y enfrentará a Keiko Fujimori en el balotaje presidencial peruano.
- Con el 99,66% del voto escrutado, Sánchez superaba por poco más de 14.400 votos a Rafael López Aliaga.
- La segunda vuelta reedita una polarización entre la derecha fujimorista y una izquierda asociada al voto rural y al castillismo.
La segunda vuelta presidencial en Perú quedó encaminada hacia un duelo de alta polarización: Keiko Fujimori contra Roberto Sánchez. Según informó EFE y reprodujo Infobae, el candidato de Juntos por el Perú disputará el balotaje del 7 de junio después de superar por poco más de 14.400 votos al ultraderechista Rafael López Aliaga, con el 99,66% del voto escrutado.
Los datos de la ONPE ubicaban a Fujimori claramente en primer lugar, con 17,17% de los votos válidos, mientras Sánchez alcanzaba alrededor del 12% y López Aliaga quedaba apenas por debajo. El Comercio reportó que, con el 99,663% del conteo, Fujimori tenía 17,172%, Sánchez 12,001% y López Aliaga 11,914%, una diferencia mínima pero ya difícil de revertir.
El resultado expresa una división profunda del mapa político peruano. Fujimori vuelve a una segunda vuelta como representante de la derecha dura y heredera del fujimorismo histórico. Sánchez, en cambio, aparece como candidato de izquierda, con llegada al interior y al voto rural, y es presentado por medios internacionales como un dirigente vinculado al campo político de Pedro Castillo.
La definición llega después de semanas de tensión, denuncias y cuestionamientos al proceso. López Aliaga había denunciado fraude, pero observadores internacionales y organismos electorales no encontraron pruebas de irregularidades graves en el resultado general. Reuters informó que la OEA respaldó el respeto al proceso electoral y que la misión de la Unión Europea no halló evidencias de fraude masivo.
La campaña que viene será corta y probablemente áspera. Fujimori buscará capitalizar el voto conservador y el rechazo a la izquierda; Sánchez intentará unir al antifujimorismo, al voto rural y a sectores descontentos con la clase política tradicional. Perú llega así a un nuevo balotaje marcado por la desconfianza institucional, la fragmentación partidaria y una pregunta decisiva: si el país volverá a inclinarse hacia el fujimorismo o si optará por una alternativa de izquierda en medio de una crisis política persistente.
